Una vez más se ha repetido la historia, una historia que comienza con expectativas de mucha esperanza y con ganas de que los errores cometidos en el pasado no vuelvan a repetirse, apostando a la tan ansiada felicidad aunque a veces pareciera inalcanzable, armándome de paciencia -más de la que muchas veces podrís soportar- y de resignación y por supuesto vigilando bien cada movimiento; no me agrada pisar en falso y te aseguro que no me quiero volver a dar otro batacazo.
Cientos de kilómetros nos separan, pero quizás el tiempo que debamos esperar sea una recompensa para el futuro; ya he pasado por relaciones a distancia en la cual no la califico del todo de mala, pero hay cosas que se pierden como el estar pendiente uno del otro, la compenetración y diversas cosas que son clave en esta situación, quizás esa experiencia me sirva ahoera para mirar con otros ojos esta nueva etapa.
Aunque en este asalto sí trataré de fijarme más en los hechos y no las palabras. Las palabras fácilmente vuelan a la suerte del viento, pero los hechos son irrefutables y nadie puede decir lo contrario a lo que es probable por encima de la palabra. Quizás en el pasado le di más importancia a las palabras que no valieron un pito y la realidad estuvo patética siempre. Debido a que en una que otra ocasión el valor de la palabra era nulo.
No niego que me he hecho muchas ilusiones, quizás mi eterno afán de controlar todo ha hecho que los batacazos que me dado sean mucho más duros; lo que sí sé es que estoy clara en lo que debo hacer, y tal parece que tú tienes cualidades y capacidades que son favorables para que pueda vivir feliz. No sé si controlar sea planificar, pero no me gusta ir por la vida sin rumbo cambiando de parecer a cada rato, tengo mis metas trazadas y no pienso cambiar mi punto de vista, me mantengo radical en ese aspecto.
Algo bueno que he visto en ti es que se nota que eres un chamo muy atento, inteligente, esperado en lo que te gusta hacer y con mucho potencial qué dar; cuando te llevé a mi casa le caíste fabulosamente bien a mi mamá, cosa que es bastante rara. La única en quejarse era -para variar- mi hermana la que viene detrás de mí que dijo sobre ti es demasiado alegre y simpático como para que le salga de manera natural. El hecho es que me siento bien, feliz, me siento aceptada con mis aciertos y desaciertos; con mis ataques de pendejismo, neocuaimismo, loquera o psicosis.
Eres bastante tierno, lindo y hasta inocente detrás del tamañote que te gastas; reflejas demasiada pureza en la manera en que miras. Te has aguantado -aunque poquito, no creas que serán las veintiúnicas- pataletas, berrinches, alegrías, entre otras cosas.
Por ahora, te puedo decir que es reconfortante reflejarme en tus ojos claros y aunque mantenemos algo underground y muchas veces quisiera explotar y decirlo, siento que no debo apresurarme. Sé que en un futuro muy próximo lo haré sin necesidad de sentirme presionada o que me agobien las ideas y como siempre sé que mis decisiones serán respetadas aunque hablen pendejadas a mis espaldas. Quiero hacer las cosas bien, quiero “hacer -un poquito- más dócil” mi carácter o al menos contigo, pues sé que en el incidente más próximo me pasé un pelín con la pataleta.
Gracias por estar ahí pendiente de mí desde siempre. Gracias por ser, como te digo para bromear “mi admirador número uno”. Gracias por calarte mis berrinches aún cuando no teníamos mucho que ver sentimentalmente. Gracias por confiar en una loca con aires napoleónicos. Gracias por incluirme en tu día a día y a pesar de que estás abarrotado de trabajo y de tu atareada rutina aún tienes tiempo para pensar en mí así estés a no sé cuántos kilómetros de aquí. Gracias porque me comprendes y postergas tus planes por esperarme y apoyarme… en fin.
¡Te adoro Panda! Espero que un cambio de tiempo no cambie nuestro rumbo.